Llegaron los peregrinos a celebrar las tradicionales posadas,
en el pueblo son las fiestas más bulliciosa y caras,
todo mundo participa movidas de la fe las almas.
Hay motivos navideños en compostura y portadas;
mil foquitos de colores nos guiña desde las casas mientras los cohetes silvando,
en la noche azul, estallan… Ya pasa la estudiantina que alojamiento demanda,
y se retira José con la Virgen bienamada…

Los amigos que se encuentran se saludan y se abrazan;
se ofrece ponche caliente de chocolate y granada;
otra familia, adelante, lo hizo de fruta y Jamaica y al fina,
todo es jolgorio con el brandy y con la caña…
Ya los viejos lo lamentan porque an quedado olvidadas las famosas pastorela.

Cuanta sentida nostalgia cuando en la noche serena,
se oía la biblica historia a la luz de las estrellas…
Era el lamento sombrío del demonio,
en su soberbia por la próxima venida del Niño Dios a la tierra.

Muchos años, Sebastián ensayó una pastorela,
no requería de libreto porque tenia una mente muy buena.
Caracterizaba al diablo como si ahora lo viera,
declamando el miltoniano lamento de Lucifer…

También tenía pastorela don Rafael Barragán,
con el libreto muy parecido al del mismo Sebastián.
Que noches tan estrelladas en medios en medio de esta frialdad,
cuando las pastorela alternaban su cantar,
entre Oriente y Occidente como arcoiris de paz…
Eran actores novatos y muy ingenuos en su cantar ;
Bato y Gila, personajes de factura nacional,
iban por el escenario – anacrónico pasar – los pastores con sus varas,
Bartolo puro bromear burlesca caricatura y el hermitaño, a cual más.
El diablo y el San Miguel – lucha del bien contra el mal –
constantes del universo o eterno evolucionar…

Ya no existen pastorela, esas que de madrugada cantaban “El alabado” con infinita nostalgia;
Ya se fue don Sebastián, Don Rafael ya no canta,
sus figuras se quedaron como recuerdos que pasan,
porque es condición del hombre ser luz,
ser sombra, ser nada…
José Sánchez. 12 / 14 / 2017





